El jueves 21 de mayo a las 17 hs empezó una de esas pesadillas que uno cree que solo pasan en las películas. Dejamos la chata en la puerta del taller, salimos apenas 30 minutos y, cuando estábamos volviendo, vi a una cuadra que ya no estaba. La sensación en el pecho fue horrible. Un calvario instantáneo.

Llamamos al 911. Mientras me quedaba esperando a la policía —que quiero destacar que actuó de una manera súper buena, empática y profesional—, mi papá se fue con mi hijo a hacer la denuncia a la seccional. No me terminaban de tomar los datos cuando me avisaron que el domo de seguridad ya la había visto pasar por una esquina cercana a las 17:05 hs. Estaban volando.

Ahí, parado con mi hija más pequeña, esperando a mi viejo, en la deseseración de no saber que hacer, se me ocurrió hacer una placa rápida para las redes sociales. La subí a Instagram, a los estados de WhatsApp, la mandé a los grupos... y ahí empezó la magia.

La red solidaria que nos sostuvo

De pronto, abría el teléfono y en casi todos los estados de mi scontactos estaba la foto de la camioneta. La solidaridad, el cariño y la empatía de la gente fue lo más lindo de esta historia tan gris. Más tarde le escribí a los medios pidiendo ayuda. Los chicos de El Doce me respondieron al toque, subieron la nota a su web y a Facebook, y la visibilidad se multiplicó.

Pero esa exposición también tuvo un precio altísimo: llamadas constantes, intentos de estafa, datos falsos, extorsiones... Había que estar muy fuerte de la cabeza para no caer en las trampas en medio del cansancio y la desesperación.

El viernes al mediodía salimos en vivo para el Noticiero Doce. A la siesta, entre tantos mensajes falsos con los que lidiaba, entró uno con información más precisa. Me mandaron un video de la chata completa, sana, tal cual estaba. Ahí empezó la verdadera negociación por el rescate.

Negociar a oscuras y con el corazón en la boca

Fue una situación agotadora, llena de amenazas, maltratos y tensión. La policía quiso ayudarme, pero por una cuestión de rapidez y por una decisión meramente personal, de seguridad del momento y a futuro, decidí encararla solo. Pidieron un rescate absurdo, literalmente millonario. Pudimos negociar algo, pero el golpe económico ya estaba hecho.

El momento más crítico fue la entrega. Ellos no confiaban en mí y yo no confiaba en ellos; querían la plata antes de moverla y yo no iba a pagar nada hasta no ver la camioneta y estár seguro de recuperarla. Nos hicieron ir a una zona oscura, después a otra, y a la tercera... apareció. Ahí estaba, parada y en marcha. Me volvió el alma al cuerpo.

Pagamos. Pedí permiso para saber si estaba todo OK para subirme, porque me habían amenazado con "cagarme a tiros". Me dijeron que sí. Subí y la chata estaba regulando sin la llave puesta, pero sin nada roto (después me enteré de que usaron una especie de llave maestra). Hicimos unas cuadras con mi viejo escoltándome en su auto y paramos en una estación de servicio sobre la ruta. Llamé a la policía, que llegó en minutos con una amabilidad tremenda, y fuimos a la comisaría a entregarla porque tenía pedido de secuestro.

En ese momento, solo le mandé una foto a mi hijo y le escribí: "Recuperamos la camioneta". Y ahí me largué a llorar. Descargué de golpe toda la tensión de esos días. Todavía no sé de dónde saqué la calma para aguantar tanto.

La burocracia: la pesadilla que no termina

El sábado agradecí en redes porque la chata había aparecido. Pero la tranquilidad nos duró poco. La recuperamos de los ladrones, pero hoy, lunes 25 de mayo, todavía no la tenemos con nosotros. Ahora peleamos contra la burocracia.

La camioneta está en la Unidad Judicial desde el sábado a la 1 AM. No tiene choques ni daños graves, pero cayó fin de semana, los judiciales están de paro, hay que peritarla y no me la quisieron entregar como depositario judicial. Tras peregrinar de un lado al otro, hoy nos dijeron que el trámite puede demorar de una a dos semanas. Una locura para quien necesita su vehículo todos los días.

¿Si estoy feliz? No, no puedo. Nos robaron plata que tuvimos que salir a pedir prestada para pagar el rescate. Y nos robaron algo que no es material: la tranquilidad de andar por la calle. Después nos enteramos de que hubo una persona varios días en la plaza de la esquina (que parece más un baldío) estudiando cada uno de nuestros movimientos. Nos entregaron.

Lo que nos queda: Gracias infinitas

Si rescato algo positivo de este infierno, es la gente buena. Los que compartieron, los que se alegraron genuinamente cuando supieron que volvió. Soy un convencido de que si esto no se movía así en las redes, hoy tal vez no la tendríamos.

Esta chata no es solo una herramienta de trabajo, es mi medio de transporte personal, el medio para llevar a mis hijos al colegio. La compramos bastante destruida y estuvimos 3 años restaurándola a pulmón con mi viejo. Le pusimos tanto amor que se transformó en nuestra pasión y en nuestro pasatiempo de padre e hijo.

Por eso, como no me gusta pedir nada de arriba y la plata prestada hay que devolverla, nos pusimos a laburar en lo que mejor sabemos hacer. Armamos un Sorteo Solidario en nuestra web con varios premios fabricados en el taller (el primero es una de nuestras mesas de estilo). No queremos regalos, queremos ganárnoslo trabajando.

A todos los que dieron una mano desde su lugar, compartiendo, rezando, haciendo una nota o mandando fuerzas: ¡GRACIAS DE CORAZÓN!

👉 [Hacé clic acá para ver los premios y sumarte al Sorteo Solidario en nuestra web]